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Chardonnay Joven




 

No se puede pedir más al clima para obtener el mejor chardonnay.

“En el Valle de Nekeas tenemos suficientes horas de sol para una buena maduración y a la vez unas noches de verano tan frescas que nos alargan extraordinariamente dicho periodo de maduración”

Por si fuera poco, el viento de norte (nuestro cierzo) es el protagonista de las tardes de verano, lo que supone una ”vacuna” contra las enfermedades fúngicas.

Con todo ello, nos encontramos a finales de septiembre o primeros de octubre con unas uvas de chardonnay sanas, pequeñas, con la piel ligeramente “bronceada” que ya sugiere la miel en el vino futuro y una acidez que nos asegura el frescor.

Después de una ligera maceración en frío, utilizamos el mosto de lágrima para fermentar en depósitos de acero inoxidable a baja temperatura.

Recién acabada la fermentación alcohólica y sin dejar paso a la fermentación maloláctica, empezamos a preparar el vino para que se pueda disfrutar de su juventud inmediatamente, ya en el mismo mes de diciembre o a más tardar en enero.

Disfrutaremos este vino como aperitivo bien frío o en la comida con pescados, y mariscos cocidos o a la plancha. También es una buena idea convertirlo en acompañante de arroces de pescado o fideuas.